Conceptos

 

Género: en español ha tenido sólo los sentidos generales de ‘conjunto de seres establecido en función de características comunes’ y ‘clase o tipo’. Por fin en octubre de 2014, la 23.ª edición del diccionario de la RAE incluye: "grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendido este desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico".

Es necesario el empleo de género al hablar de cuestiones relacionadas directamente con la dicotomía sexual, es decir, desde la óptica de las distintas posturas que delimitan qué es una mujer y qué es un varón a comienzos del siglo XXI. Al no existir una definición de la palabra género en español acorde con esta perspectiva, se están anulando las distintas visiones de las distintas mujeres, que conforman más de la mitad de la Humanidad.

Sin embargo, en las definiciones de género no existe ninguna acepción relacionada con la identidad del individuo, alude solo al género gramatical de las palabras, a la hora de diferenciar lo masculino de lo femenino.

Para Rosario Otegui el género, como la clase o la etnia, no son datos de la naturaleza, sino por el contrario formas específicas de las relaciones sociales que aun asentándose, supuestamente, en las traducciones sociales de la biología, responden, con una altísima sofisticación, a las formas de los discursos y las prácticas sociales, resaltando que las diferencias y desigualdades de género, lejos de ser un universal derivado de las condiciones biológicas en las diferencias anatómicas y cromosómicas, son el contrapunto que hace resaltar u obviar esas diferencias de acuerdo con los planes específicos de unas determinadas formas sociales de reproducción.

Como argumento en mi artículo "Sobre género y su abuso" el género es una dimensión del ser humano que se transforma desde su gestación hasta su muerte en un proceso sociocultural que se desarrolla en un espacio y tiempo concretos implicando todas las capacidades físicas y mentales humanas, esto es, las que necesita para su completo desarrollo como humano (su sexualidad, su psique, su identidad, etc.).

 

Sexismo: Para el Diccionario de Uso del Español es; discriminación por motivo de sexo. Para el Diccionario de la Real Academia Española; 1. m. Atención preponderante al sexo en cualquier aspecto de la vida. || 2. Discriminación de personas de un sexo por considerarlo inferior al otro. Según el Diccionario del Español Actual; discriminación basada en el sexo. Gralm. con respecto a la mujer.

Para García Meseguer, pionero en el estudio del sexismo lingüístico en el español, diferencia entre sexismo social y sexismo lingüístico, definiendo este último como el que está en la forma del mensaje y no en su fondo. Enlazando esto con Jose Antonio Diaz Rojo que dice; «el sexo es una propiedad de los referentes, es decir, un hecho extralingüístico, pues pertence a la res (cosas o mundo externo, sea real o imaginario), mientras que el género gramatical es un hecho lingüístico que pertenece a las verba (palabras)» deducimos que el sexo de la persona que actúa en el enunciado según el género gramatical con que se alude a ella; sin embargo, en algunos casos, como el empleo del genérico de género masculino, hallamos enunciados sexistas porque se oculta a la mujer.

El equívoco entre sexismo –o discriminación sexual– y exclusión de género proviene de la inexistencia de la palabra género en nuestro idioma como definición de la identidad sexual de las personas.

 

Androcentrismo: Para la RAE; 1. m. Visión del mundo y de las relaciones sociales centrada en el punto de vista masculino.

A partir del varón se define la alteridad: la «otra» es la mujer. Si bien la ausencia de un genérico femenino podría describirse como «masculinismo gramatical» desde la perspectiva de García Meseguer del androcentrismo u óptica del varón, el uso real de la lengua implica que cualquier parámetro de uso posible se anula en aras de la costumbre lingüística y de la economía del discurso. Los medios de comunicación, sin embargo, deberían evitar la propagación del androcentrismo (hábito mental, para Harris, que denomina etnocentrismo como ideología del discurso masculino).

El androcentrismo podría considerarse neutral, mientras que el machismo implica una connotación negativa y la misoginia una connotación pésima.

 

Cosificación: Para la RAE; Acción y efecto de cosificar (cosificar: 2. tr. Reducir a la condición de cosa a una persona).

El cuerpo se convierte de esta manera en una definición estrictamente social, un significante en sí mismo que debe ser definido desde la óptica androcéntrica de la sociedad. Es un «fetiche», un «objeto de consumo», de modo que las mujeres chinas con sus pies deformados o Marilyn Monroe, serían modelos distintos de representación de la mujer «significada».

La mujer necesita «reinventarse», romper los estereotipos de género impuestos desde la perspectiva androcéntrica excluyente. El cuerpo, como modo de «autoexpresión» debería ser de esta manera creativo y original, en la medida en que cada individuo pudiera escoger una estética, un género e incluso un sexo ; sin embargo, los clichés preexistentes conforman la «corporeidad virtual» que dirigirá el «corte del bisturí»: el cuerpo de la mujer solo significa algo al convertirse en un objeto moldeable, transformable en el fetiche ideal que ocupa la mente de quienes crean y recrean los iconos de género, esto es, los varones heterosexuales que dan significado social a las mujeres a través de su cuerpo.

Para Teresa Stratford: " los cuerpos de las mujeres se han visto codificados como sexualmente disponibles. Se usan por extensión como parte del negocio capitalista: los cuerpos de las mujeres venden productos, y los propios cuerpos de las mujeres pueden ser comprados. No es accidental que «las chicas de la página 3» sean descritas por lo general como comida: «deliciosa Linda Lusardi», «apetitosa Helen Steed», «exquisita Sandra Jane», «sabrosa Tracey Elvik» –están disponibles para el consumo.

 

Cosificación gráfica: Se establece desde los clichés iconográficos estereotipados; el hecho de que una imagen erotizada o pornográfica de mujer sea parte informativa de una publicación se puede considerar, sin duda, que es sexismo, pues se basa en la imagen de una mujer «cosificada», recreada como objeto visual y por el mero hecho de ser mujer, puesto que el criterio de selección de la imagen es el sexo del objeto representado. La moral social acepta estos presupuestos estereotipados como parte de la cultura mediática y comunicativa. Este estudio analizará los modos en que la mujer se muestra a la sociedad, y esto incluye la pornografía, aun sin ser esta imagen parte del mensaje mediático especializado en la materia.

 

Cosificación lingüística: Para Matilda Butler y William Paisley; " la lengua es una forma difusa de sexismo mediático que

les recuerda a las mujeres su subordinación, pero que no les dice qué rol interpretar o cómo hacerlo. Las imágenes son formas enfocadas de sexismo mediático. Año tras año, los medios vuelven a sus limitados almacenes de imágenes de mujeres –propaganda comercial, inferioridad intelectual, dependencias desgraciadas, el hazmerreír, metomentodos en los asuntos de varones, etc. [...] Las imágenes de los medios de las mujeres reales y ficticias son retratos de limitados niveles de vida. Estas imágenes influyen más en los hogares americanos que los familiares o

los vecinos. En la era de los medios electrónicos, la «imagen» viene a significar un paquete de impresiones".

 

Femicidio o Feminicidio: Para la RAE; 1. m. Asesinato de una mujer por razón de su sexo.

Jack el Destripador es el paradigma del fenómeno «moderno» de asesino sexual, expresión extrema del epítome del «orden patriarcal» desde la perspectiva analítica de algunas feministas. Este icono representa lo que se ha denominado ginocidio, genericidio, feminicidio o femicidio. El hecho de que este femicidio se tratara desde la esfera pública, cuando la prostitución debía entenderse como parte de la esfera privada (algo secreto y desconocido), fue lo más determinante a la hora de «descubrir» la miseria que muchas mujeres debían soportar a través de la prostitución. Su indefensión y las atrocidades de que fueron víctimas despertó una curiosidad inusitada y morbosa. El modus operandi de Jack el Destripador definió desde entonces y hasta nuestros días «la imagen masculina del cuerpo de la mujer». Los periodistas comenzaron a definir lo que era un comportamiento normal o desviado, a separar el «él» del «nosotros», la locura del otro y la cordura, lo «normal» de lo «desviado», asegura Lewis Perry Curtis. De esta manera, la diferencia entre los «asesinatos domésticos» (esfera privada) y este fenómeno (esfera pública) generó un cambio de perspectiva nuevo. El periodismo inglés abrió la brecha del horror del femicidio (comparable al pánico y desconcierto generados en los asesinatos de Ciudad Juárez a lo largo de la última década).

El femicidio o feminicidio es la séptima causa de muerte prematura entre las mujeres, en más de la mitad de los casos, es cometido por la pareja masculina de la víctima. Esto suele implicar que previamente ha habido un maltrato (por parte de la pareja íntima en un 80%de los casos) y antecedentes de abusos.

 

Machismo: Para la RAE; 1. m. Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres.

Definido desde la óptica del poder las mujeres aparecen como víctimas de los varones, tumbadas, expuestas a sus miradas, en situación de sometimiento..., no pueden defenderse. El «machismo» atribuible a las otras imágenes (en que las sometidas son mujeres) revela una perspectiva sexista. En cambio en el caso del varón, revela la perspectiva del género. Y he aquí una de las claves a la hora de hablar del discurso de género, del sexismo, de la ideología androcéntrica y de los estereotipos mediáticos. En una gradación social de prestigio, el androcentrismo podría considerarse neutral, mientras que el machismo implica una connotación negativa, como contraposición a este término «feminismo» no es lo contrario de «machismo».

En los años 50 el machismo, el sexismo o cualquier otra forma de desequilibrio de género, era no solo tolerada sino presupuesta, era lo «normal» y lo «correcto». Después vino el «Movimiento de Liberación de la Mujer» a lo largo de los 60 y los 70; pero la publicidad sexista era una forma de mensaje social que se iba asentando –y que cada vez influía más en la sociedad de consumo de la segunda parte del siglo XX– ajena a estos cambios sociales.

 

Micromachismos (mM): Para Luis Bonino; son modos de manipulación de las mujeres por parte de los varones en lo que se consideran «circunstancias normales» sin ser evidentemente una agresión contra la mujer.

Los mM son «pequeños» y cotidianos ejercicios del poder de dominio, comportamientos «suaves» o de «bajísima intensidad» con las mujeres. Formas y modos, larvados y negados, de abuso e imposición de las propias «razones», en la vida cotidiana, que permiten hacer lo que se quiere e impiden que ellas puedan hacerlo de igual modo. Son hábiles artes, comportamientos sutiles o insidiosos, reiterativos y casi invisibles que los varones ejecutan permanentemente quizás no tanto para sojuzgar sino para oponerse al cambio femenino.

 

Misoginia: Para la RAE; 1. f. Aversión a las mujeres.

La iconografía de género en el siglo XVI dividía a las mujeres entre el grupo representado por la Vírgen María –el matrimonio salvaba a la mujer que necesitaba la tutela del marido encerrada en el hogar llevando a cabo su vida doméstica; también los conventos salvaban a las mujeres– y el grupo representado por Eva –mujeres que se dejan llevar por su cuerpo que es la cárcel del alma, más cerca de la animalidad y lo monstruoso, que derivará hacia lo diabólico y de ahí hacia lo femenino–; la ola de misoginia que recorrió toda Europa crea desde la literatura erasmista una iconografía de heterodoxas –brujas, prostitutas y alcahuetas– que se dejan llevar por la lujuria de su feminidad, frente a las mujeres salvadas –casadas, penitentes,místicas y santas–.

El binomio cultural demonio-mujer –débil, maligna, húmeda y pasional–, dos caras de la realidad del mal, era antitético al par Dios-hombre –fuerte, bondadoso, seco y racional–, creándose espacios, caracteres y valores que crearon modelos de comportamiento, iconos, creencias, símbolos y tipos culturales que definieron en el Barroco iconos femeninos relacionados con lo esotérico.

Y a partir de entonces, hasta nuestros días, las mujeres siguen siendo representadas en espacios privados –como la triste Anna Karenina, sin

libertad para sentir o actuar pública y libremente– o acompañadas por varones en espacios públicos, pero nunca solas si son «buenas», mientras los varones aparecen solos en espacios públicos sin escándalo.

 

Maltrato: Para la RAE; 1. m. Acción y efecto de maltratar (maltratar: 1. tr. Tratar mal a alguien de palabra u obra. 2. tr. Menoscabar, echar a perder) .

Para Esperanza Bosch y Victoria Ferrer entenderemos por maltrato de mujeres la violencia ejercida contra las mujeres por su pareja. Pero existe otro tipo de violencia que nunca aparece en los medios, pues queda oculta por la violencia visible: el maltrato.