Acerca del proyecto

Comencé mis estudios de Doctorado en la Complutense tras terminar la carrera de Periodismo atraída por una asignatura en concreto que figuraba en el tablón de anuncios del programa La Lengua Española en el Discurso de los Medios de Comunicación del departamento de Filología III de la Facultad de Ciencias de la Información. La asignatura en concreto era "Cuestiones gramaticales sobre género y sexo", impartida por la Prof. Dra. Soledad de Andrés Castellanos, a quien debo agradecer haber aprendido no sólo tanto sobre estos temas, sino tanto sobre cómo investigar. De este modo realicé mi primer trabajo de investigación, "El sexismo en el español contemporáneo: análisis del diccionario de Seco, Andrés y Ramos", lanzándome a buscar definiciones sexistas en el diccionario recién publicado, lo que me ayudó a conseguir la Suficiencia Investigadora (DEA). Desde entonces, estudié lingüística y analicé discursos con el ánimo de determinar qué era género y cómo se identificaba en la comunicación. Conseguí doctorarme con Mención Europea y Sobresaliente, así que supongo que de alguna manera conseguí determinar qué es el género.

La tesis, dirigida por la Prof. Dra. Ana María Vigara Tauste, arrancó con la pretensión de analizar la prensa universitaria desde una perspectiva de género. Como trabajaba en la revista universitaria Generacion XXI aquello no tenía más que aplicar ambos conocimientos a la vez y esperar resultados, sin embargo se quedaba corto. Entonces conseguí una beca de intercambio con la Universidad de Copenhague y los resultados no se hicieron esperar.

Aunque en principio la hipótesis partió de la suposición de que en Dinamarca la situación social, laboral y personal de la mujer era totalmente distinta a la española e incluso imitable, y, con ello, su presentación y representación en los medios de comunicación (particularmente los universitarios), los resultados han ido cambiando las perspectivas del estudio. Por una parte, el sistema social danés es muy avanzado en muchos aspectos relacionados con la no exclusión de género, lo cual se refleja en la prensa universitaria, pero en otros muchos es bastante similar. Por otra, tanto la prensa universitaria de España como la de Dinamarca, contribuyen activamente a la perpetuación de ciertos estereotipos de género mediante la representación cosificada y erotizada de la mujer convirtiéndola en icono exclusivo, esto es, la mujer aparece frecuentemente representada de este modo: es una exclusión de género que implica que la imagen de la mujer se ciñe a unos parámetros visuales preestablecidos, creando así una semiótica de género androcéntrica característica. Partiendo de este enfoque, la Universidad (que en sus casi diez siglos de existencia representa la asimilación y sistematización del saber y conocimiento universales – cfr. Emilio Mitre: Introducción a la Historia de la Edad Media europea. Madrid, Istmo (Colección Fundamentos), 1976, p. 262.) halla en la prensa universitaria un medio de comunicación para su comunidad: su medio de expresión del sentir y vivir cotidianos que juega un papel importante en la perpetuación de los estereotipos de género.

Formaba también parte de la hipótesis inicial el supuesto (social) de que la prensa universitaria seleccionada española, precisamente por serlo e integrarse en la vida estudiantil y en su cotidianeidad, debería en alguna medida ser «ejemplo» para la comunidad, preservar la dignidad de los individuos, dar cabida a las investigaciones e instituciones relacionadas con los estudios de género y mujer y crear y difundir, en suma, valores de igualdad respondiendo ante la sociedad; pero además, en la Universidad (cuyo sistema educativo, como es sabido, se fundamenta en la sociedad del conocimiento), coexisten intereses económicos y sociales, puesto que debe responder como institución ante la sociedad. El reflejo de este contexto en este tipo de prensa, sin embargo, es inexistente y esta se limita a imitar, como veremos, los cánones de la prensa nacional con la peligrosa licencia de «bromear» con según qué cuestiones, como veremos en los ejemplos incluidos en el estudio. Para la prensa universitaria no existen libros de estilo ni pautas de elaboración de contenidos no discriminatorias o excluyentes y las únicas excepciones se relacionan directamente con circunstancias también estereotipadas, como el «8 de Marzo», por citar algún ejemplo (solo la «corrección política» evita en ocasiones las representaciones desequilibradas en cuanto al género).

La importancia del discurso mediático radica en que controla la información, dirige la opinión pública y manipula los patrones conceptuales (María Victoria Reyzábal: Propaganda y manipulación. Madrid, Acento, 1999, p. 161.), y en el caso de los estereotipos de género como patrones conceptuales, se recrean en el discurso mediático. La diferencia estriba en el contexto sociocultural en el que el discurso de género se recrea.

En este sentido, las instituciones sociales juegan un papel muy importante a la hora de mediar en la propaganda del discurso mediático.